"Al voluntariado no vas solo a reparar unas cuantas bicis como pensaba en un inicio, vas a aprender, a conocer otras realidades".

Llegar al taller es algo que alegra mis tardes de viernes.

Tal vez suene algo extraño, sobretodo considerando que al principio no conoces a ninguna de las personas que están ahí, solo llegas pensando en que arreglaras un par de bicis y ya está, donaste una cuota de tu tiempo a algo que vale la pena, pero probablemente, aún no dimensionas lo mucho que puede entregar ese pequeño gesto a la vida de otros como a la tuya misma.

La magia es casi instantánea, un pequeño taller con bicicletas por todos lados, personas absortas en reparar y volver a dar vida a cada una de ellas, muchas veces con piezas de otras, solo con el fin de conformar una nueva bicicleta llenas de recuerdos pasados, pero lista para formar parte en los recuerdos de un nuevo dueñx y su paso por Chile.

Es irónico que las cosas viejas puedan tener una nueva vida y otorgarnos la posibilidad de creer y lograr nuevos sueños, en gran parte, gracias a ellas, sobretodo en la sociedad en la que vivimos hoy en día.
Al voluntariado no vas solo a reparar unas cuantas bicis como pensaba en un inicio, vas a aprender, a conocer otras realidades, otras motivaciones y pasiones, a apostar por una sociedad mejor, a ayudar a otro a volver a andar, o en este, a pedalear.

Categorías: voluntarios

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